Fernanda escribe con muy buena ortografía, estudia una licenciatura, tiene 19 años y se considera una empresaria; su ‘negocio’, como lo llama, es el más antiguo del mundo: la prostitución.

Su identidad se esconde detrás de una cuenta de Facebook, a través de la cual contacta a sus clientes, realiza dinámicas y difunde promociones.

La mercadotecnia es una herramienta que usa la joven empresaria, y que la ha llevado a autonombrarse como “la mejor scort de Colima”.

“Hago promociones, publico cosas en doble sentido, y lo más importante siempre subo fotos reales”.

“Muchas veces hago dinámicas en la página para que una persona que quizá no pueda pagar el costo total acceda a una cita conmigo. Hago concursos y ese tipo de cosas”.

Fernanda asegura que su reto es mantener a su público cautivo, es decir, que sus fans, como le gusta llamarlos, siempre estén interesados en ella.

Las ganancias que tiene la universitaria varían de mes a mes, pero “en uno muy malo”, gana 10 mil pesos, más que el promedio de un licenciado en Colima.

La empresa nace

La joven, delgada, de piel morena clara y cabello negro, justifica sus inicios como ‘empresaria de la piel’, por los problemas económicos que tenía.

“Debía dinero en una tienda departamental y me llamaban todos los días, a todas horas. También se acercaba la fecha de pago de mi inscripción y no tenía dinero para pagarla”.

Fernanda buscó trabajo en diferentes lugares, pero la poca disposición de tiempo de la estudiante era una limitante.

“Para mí, mis estudios siempre han sido primero y no quería dejar de estudiar por estar trabajando todo el día”.

En su ‘negocio’, la joven cobra mil 300 pesos por una hora y media, por pasar tiempo con sus clientes, pues asegura que, muchas veces, el sexo pasa a segundo plano.

“Yo les digo que somos dos personas adultas, que podemos hacer lo que ellos quieran siempre y cuando usen protección”.

La primera vez

“La primera vez que tuve un cliente fue un completo fracaso,  para empezar no sabía ni cómo ir vestida.

“No quería ir vestida muy provocativamente para no llamar la atención, pero tampoco quería ir muy normal, porque no sabía qué era lo que esperaba la persona con la que me cité”.

Con su primer cliente se encontró en el área de comida de un centro comercial ubicado al norte de la ciudad.

Él la reconoció, pues ya sabía cómo iría vestida, platicaron unos minutos y se fueron a un motel cercano.

“El transcurso al motel se me hizo eterno, sentía el sudor correr por mi espalda y las manos las sentía frías, trataba de hacerle conversación, pero creo que él iba más nervioso que yo”.

Al llegar a la habitación, la conversación fue corta:

—¿Cómo estás?

—Bien.

—¿Cuánto tiempo llevas en esto? –según Fernanda, esta pregunta se la hacen todos sus clientes.

—Eres mi primer cliente —él se rió.

“Pasó lo que tenía que pasar, me llevó a donde le dije y en cuanto me bajé del carro, que se arranca.

“¿Por qué fue un completo fracaso? Porque se me olvidó cobrarle. Desde ese día, cobro antes de subirme al carro”.

Las buenas experiencias

“Honestamente, he tenido muchas experiencias muy bonitas, he conocido grandes personas que en otro ámbito jamás hubiera conocido”.

Fernanda recuerda, por ejemplo, que una vez estaba muy enferma de la gripe, y publicó en Facebook que se sentía muy mal.

“No pasaron ni cinco minutos cuando un fan me dijo que fuera a su consultorio. Fui y se portó de lo más amable, en ningún momento me insinuó que quería algo más, incluso el mismo pagó la medicina”.

La joven asegura que gracias a su empresa ha recibido muchos favores: desde ayuda legal hasta asistencia médica.

“Las experiencias malas son muy pocas en realidad, ninguna incluye violencia ni nada por el estilo, hasta eso que he tenido mucha suerte de encontrarme con muchos caballeros, que lo único que quieren es pasar un buen rato”.

Sin embargo, para prevenir que algo malo pudiera pasarle, la estudiante ha desarrollado una serie de códigos de seguridad: trata de platicar con el cliente antes de verlo, nunca va sola a sus citas, y siempre ve a sus clientes antes de que la vean a ella.

“Las malas experiencias van en torno a lo económico, clientes que no quieren pagar lo acordado, que quieren más tiempo, que quieren grabar el encuentro, pero usualmente esos mal entendidos no llegan a mayores”.

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Los malos comentarios

Fernanda está consciente de que su ‘negocio’ causa malas impresiones y comentarios de las personas, pero cree que es porque están mal informados.

“Desgraciadamente, se dejan llevar por lo que ven en la televisión y basan sus opiniones en cosas que les inculcan por moral”.

La scort asegura que tiene valores firmes, y mucha ética.

“Quizá muchos leerán esto y pensarán que soy una cínica desvergonzada, pero les diré que no, simplemente cobro y muy bien por lo que la mayoría de las mujeres hacen y gratis”.

“Lo que más risa me causa son los hombres con doble moral: por una parte quieren que les mande fotos y piden informes, y después de contratarme me dicen que está mal lo que hago, yo siempre les contesto con una pregunta que siempre termina en risa: ¿quién tiene más culpa, yo por ofrecer mis servicios o tú por contratarlos?”.

Fernanda cree que mientras ejerza este oficio con honestidad y ética debe ser respetada.

—¿Y cuándo vas a dejar de hacer lo que haces?—le cuestiono

—Pues la verdad no sé, estoy ahorrando para comprarme un carro y quizá una casa.

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